Pequeñas celebraciones

Hoy no voy a tratar de aclarar terminología “protocolaria”, tema que por otra parte, para quienes seguís el blog, sabéis que considero fundamental. En protocolo tan necesario o más que el conocimiento de la teoría específica y el dominio de las técnicas propias de esta disciplina, debería ser el conocimiento de las emociones, porque cualquiera que haya tenido que organizar, trabajar o participar en un acto, ceremonia, evento o cualquier celebración, por pequeña que sea, las habrá experimentado tanto las propias como las ajenas. Así que para que todo funcione de la mejor forma posible, es importante  la empatía, la cooperación,  la armonía…y, en definitiva, grandes dosis de inteligencia emocional.

Ceremonia inaugural de los Juegos Olímpicos, Londres 2012. (AFP)

Ceremonia inaugural de los Juegos Olímpicos, Londres 2012. (AFP)

El martes por la tarde, tuve la suerte de participar en una actividad propuesta por el colegio de mi hijo mayor. Los padres de 1º de infantil teníamos que organizar una serie de juegos tradicionales para disfrutar con nuestros hijos. Tras una reunión general en la que nos explicaron lo que se había hecho otros años, los padres que pudimos asistir, nos juntamos por clases para decidir que juegos íbamos a preparar y que era lo que necesitábamos. No tardamos mucho tiempo en elegir los juegos, en seguida nos pusimos de acuerdo en lo que cada uno podía aportar y como colaborar. Después, tuvimos una segunda reunión para concretar algún detalle y, finalmente, nuestro tercer encuentro fue el día de los juegos. Algunos padres no habían estado en las reuniones anteriores, pero no importó en absoluto porque la buena disposición hizo que rápidamente participasen igual que el resto, colaborando en la preparación de los juegos, organizando de equipos y participando en la actividad. Los afortunados padres que pudimos asistir disfrutamos tanto o más que nuestros hijos. Entre los peques hubo momentos de sorpresa, de susto, de enfado (que también es necesario) pero sobre todo de sonrisas que inundaban sus caras y nos llenaban a todos de alegría. Los equipos no competían entre ellos, simplemente iban rotando por los diferentes juegos en los que encontraban sillas, globos, cuerda, peces de papel, bolos y papás animándoles en todo momento. Al final terminamos con un juego, formando un único equipo, fue un gran momento. Después hubo entrega de diplomas y hasta foto de familia. Los peques se fueron muy contentos con su obsequio, sin saber que para nosotros ellos fueron el mejor regalo.

Recogieron muy contentos, su diploma y peonza.

Recogieron muy contentos, su diploma y peonza.

Fue una tarde llena de emociones donde reinó la armonía porque todos teníamos claro el objetivo de nuestra pequeña celebración: Disfrutar con nuestros hijos. Para cumplirlo, pusimos todo nuestro empeño y, creo que lo conseguimos.

Y es que como dice Eduard Punset, sólo se trata de celebrar la vida un poco cada día

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