Esos locos bajitos

Llevo mucho tiempo contando hasta diez para no saltar y rugir como una mamá leona pero hay veces que contar hasta diez, veinte o treinta no es suficiente…Estoy cansada de escuchar que los niños de hoy son unos malcriados que corren descontrolados por grandes superficies y gritan sin descanso en los restaurantes molestando a la “gente de bien” y, todo,  por culpa de la irresponsabilidad de sus padres.

Claro, antes se educaba mucho mejor a los hijos (uno de los comentarios que escucho frecuentemente). Sí, estábamos muy bien educados, lástima que al crecer nos hayamos convertido en unos padres desalmados, a los que no nos importa en absoluto que nuestros hijos molesten a los demás. Incluso hoy he leído un comentario en tono despectivo refiriéndose a la mala educación de “ un matrimonio (ya con sus 40 y pocos años) con una niña de 5 o 6 años”…Ciertamente no tengo la agilidad que tenía hace 15 años para correr detrás de ellos, pero sí la serenidad suficiente para comprender que no lloran sin más y que si yo pierdo los nervios ese lloro irá en aumento. Sí, tengo 40 años, dos niños pequeños y no me gusta que griten y corran descontrolados en la consulta del médico, en los museos, restaurantes, tiendas, bibliotecas o en muchos otros lugares. No me gusta que lo hagan ellos, ni nadie, aunque hay veces que resulta complicado enseñar conductas que muchos adultos no respetan.

Predicar con el ejemplo...parece que no es fácil |EL PAÍS

Predicar con el ejemplo…parece que no es fácil |EL PAÍS

Quien lee de forma habitual el blog, sabrá que en más de una ocasión he hablado de la necesidad de inculcar buenos modales desde la más tierna infancia, educando en valores y fomentando el respeto hacia uno mismo y los demás, por supuesto, no es tarea fácil pero os aseguro que muchos padres y educadores lo intentamos día a día. Claro que difícilmente podremos enseñar a nuestros hijos como comportarse en determinados lugares si nos limitan el acceso, hace tiempo que no viajo en avión, antes lo hacía con más frecuencia, en algún viaje coincidí con niños pequeños, menores de dos años, que no fueron “berreando” durante el viaje, que extraño, porque resulta que por “norma”, según he leído recientemente, todos los bebés que viajan en avión lloran…o, que casualidad, justo lo hacen con aquellas personas que no soportan a “los hijos de los demás”. Es cierto que los bebés lloran, no saben hablar y es su forma de decir que tienen hambre, sueño o que algo les molesta, quizá la voz grave y desagradable de la persona que va sentada en el avión, justo al lado de sus padres, que no deja de moverse provocando inquietud y nerviosismo en ellos que intentan calmar a su hijo para que no moleste (o no se sienta molesto).

"En estos asientos no vuelan niños" |EL PAÍS

“En estos asientos no vuelan niños” |EL PAÏS

Además, los padres españoles lo tenemos más complicado, porque parece ser (también lo he leído en alguna ocasión) que los niños españoles gritan y se portan peor que el resto. Desconozco si hay algún estudio que lo confirme o se basa únicamente en la experiencia de personas que se mueven por el mundo frecuentemente, observando el comportamiento de los niños en diferentes países. Prefiero evitar las comparaciones porque en cuestión de niños y educación hay muchas carencias y situaciones lamentables en general, como para frivolizar más con este tema.

Resumiendo hay bebés, niños, adolescentes, padres, abuelos, tíos…en definitiva, personas bien y mal educadas en todas partes. Somos muchos los padres y educadores que tratamos de dar la mejor educación posible a nuestros hijos. Cometemos fallos, seguro, pero ¿quien no los comete?. Ellos están aprendiendo y también en ocasiones son los que nos enseñan con su espontaneidad, sinceridad y vitalidad. Es cierto que a veces son agotadores, porque su tiempo no coincide con el nuestro o sus recursos a la hora de expresarse son limitados (a nuestro modo de entender), nos ponemos nerviosos y de mal humor porque “invaden” nuestro espacio (tan bien delimitado y acomodado). Pero, sobre todo, nos contagian su alegría, capacidad de sorpresa, imaginación, vitalidad, entusiasmo, cariño y…tantas cosas que no se pueden expresar con palabras porque hay que vivirlas, aunque eso solo se puede hacer conviviendo con ellos en un mismo espacio, día a día, en cada momento pero no todo el mundo tiene la suerte de poder estar cerca de unos “locos bajitos”.

 

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2 pensamientos en “Esos locos bajitos

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