¿En qué trabajas?

Quienes habéis leído el blog desde el principio, sabéis que llegué al protocolo por amor al arte. Oficialmente y básicamente, soy licenciada en Filosofía y Letras (sección Geografía e Historia, especialidad Historia del Arte), profesionalmente me he movido en ámbitos como la cultura, la educación, el turismo y el protocolo. En todos y cada uno de ellos (estrechamente vinculados) he conocido magníficos profesionales con los que he tratado de aprender todo aquello que consideraba fundamental para el trabajo que me tocaba desarrollar en cada momento. Su experiencia ha enriquecido la mía y me ha motivado para seguir aprendiendo y seguir formándome en aquello en lo que creo, una formación que es continua, que nunca termina porque es la única manera de seguir avanzando.

También he conocido personas que probablemente, presas de esa inseguridad que a todos nos acecha en algún momento, menosprecian el trabajo de los demás para ensalzar el suyo. Y las he conocido, como ya he comentado, en diversos ámbitos profesionales. Cuando uno cree firmemente en su profesión, sea la que sea, debería bastarle la satisfacción del trabajo bien hecho y las ganas de aprender para seguir haciéndolo, pero tampoco vamos a engañarnos, si ese trabajo nos reporta otro tipo de beneficios (económico, prestigio, reconocimiento) no vamos a renegar de ellos, es más, si los tenemos también deberíamos valorarlos, pero eso sí, en su justa medida.

El problema es que el límite entre la simple satisfacción personal del trabajo bien hecho y los “beneficios” que obtenemos no siempre están muy claros…para algunos. El caso, es que tendemos a pensar (confieso que me ha pasado) que son los demás los que confunden esos límites olvidando que es lo verdaderamente importante, lo que nos hace sentirnos plenamente realizados.

Muchas personas no tienen la suerte de poder trabajar en aquello que les gusta, en ese caso es difícil olvidarse de los beneficios, sobre todo, aquellos que aportan lo necesario para vivir dignamente. Pero cuando se trata de desarrollar esa profesión en la que creemos, que nos hace sentir bien porque nuestra formación, experiencia o vivencias nos han conducido a ella, no deberíamos sobrepasar los límites, no deberíamos olvidar que ciertos beneficios son efímeros y que la satisfacción que nos aportan es momentánea. No siempre es fácil saber quien cruza esos límites, por eso todos deberíamos hacer examen de conciencia, ser honestos con nosotros mismos y pensar cuales son nuestras prioridades ya seamos historiadores, médicos, carpinteros, periodistas o profesionales de protocolo.

De nuestra propia honestidad es de la que todos deberíamos estar pendientes. En eso sigo trabajando cada día…

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