La tolerancia cuanto más cerca…mejor

En nuestro afán por aclarar el significado del protocolo, hemos apelado en más de una ocasión a la labor que desempeñan los profesionales de esta materia, poniendo de manifiesto que sus funciones no se reducen a “llamar la atención” de quien incumple los básicos de la buena educación en un acto público, o con indicar si el largo de la falda  es el adecuado o no para asistir a una determinada ceremonia.

Y es que, como comentaba hace un tiempo, “quienes trabajan o hemos trabajado en Protocolo (en global) hemos ordenado, ubicado, acompañado, asesorado, organizado, gestionado…símbolos, autoridades, personalidades, invitados, actos, ceremonias, eventos…Sí, sí todo eso con el fin de propiciar encuentros, relaciones, reuniones entre instituciones, empresas, organismos…dónde fluya la comunicación, tratando de evitar que no se “rompa” nada.”

https://protocolarte.wordpress.com/2013/11/18/explicar-que-es-protocolo-todo-un-arte/

Desempeñar estas funciones requieren algo más que sentido común (por otra parte, del todo imprescindible). Afortunadamente, hoy contamos con una formación de calidad en forma de grado y otras titulaciones universitarias, impartidas por excelentes profesionales que en su día aprendieron, como dice Javier Carnicer*, “poniéndose coloraos”. En ese aprendizaje práctico no ha faltado el rigor, la técnica, el conocimiento y la aplicación de la normativa existente, así como la incorporación de nuevas tecnologías y disciplinas que han mejorado y mejoran día a día la profesión, haciéndola merecedora de una formación universitaria de calidad.

La historia avala una disciplina que ha sabido adaptarse a cada época. Una profesión consolidada que ha generado una formación de calidad adaptada a sus necesidades.

La historia avala una disciplina que ha sabido adaptarse a cada época. El trabajo de un profesional de protocolo exige una formación de calidad acorde con las funciones que debe realizar.

Sin embargo, hoy no voy a hablar de esa formación (imprescindible para llegar a ser un buen profesional de protocolo), sino de una de las muchas cualidades que debe poseer (y ejercitar) quien quiera dedicarse a esta disciplina: la tolerancia. Respetar las creencias y prácticas de los demás es fundamental a la hora de favorecer la interacción entre diferentes personas o “personalidades”, instituciones, entidades u organismos. Si como apuntábamos, uno de los fines de nuestra profesión es propiciar que “fluya la comunicación”, deberemos, en primer lugar, conocer bien las creencias, tradiciones y costumbres de nuestros anfitriones, invitados y, en definitiva, de todas las personas implicadas en nuestro trabajo para, de este modo, poder actuar en consecuencia con el máximo respeto hacia las mismas (por supuesto, siempre que estás no atenten contra nuestra dignidad y respeten, a su vez, nuestros derechos básicos como personas).

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El comisario de la Exposición Internacional de Zaragoza 2008 visitando el pabellón de Nepal durante la celebración de su día nacional. Más de cien países, con diferentes culturas y creencias, convivieron de forma respetuosa en un mismo recinto durante el tiempo que duró la exposición

El ejercicio de esta cualidad no es sencillo, en este caso no hay una formación específica (aunque hoy en día en diversos ámbitos académicos nos lo “vendan” como estandarte de su excelencia). Este tipo de valores no se adquieren en un mercado, ni tan siquiera se aprenden en un curso académico. En realidad, nunca se aprende del todo el ejercicio de la tolerancia. En ocasiones lo añadimos a nuestra lista de virtudes por considerar que somos capaces de “tolerar” otras culturas tan distantes a la nuestras, que pocas veces nos vemos en la situación de convivir con ellas. La tolerancia en la distancia, y en momentos puntuales (lo justo para salir en una foto), es fácil de cumplir. Sin embargo, respetar a quien supuestamente tiene nuestra misma cultura pero ciertas costumbres y prácticas no idénticas a las nuestras…¡ay! eso es más complicado. En cuestión de protocolo podríamos citar infinitos ejemplos donde, simplemente, decidir quien ocupa la presidencia de un acto en el que participan autoridades de una misma ideología pero de diferentes instituciones, es más complicado que organizar una cumbre internacional. El responsable de protocolo no solo debe ser tolerante con las creencias de los demás sino, además, tiene que saber lidiar con la intolerancia de muchos que dificultan su trabajo y, por supuesto, con la suya propia que también se rebela de vez en cuando (por supuesto, frente a quien tenemos más cerca).

Salir en una foto no nos hace ser más tolerantes...|ABC

Salir en una foto no nos hace ser más tolerantes…|ABC

La tolerancia implica reflexión, conocimiento, aceptación, escucha, humildad, respeto y, principalmente, la capacidad de reconocer y aceptar, también, nuestra propia intolerancia. Tan solo partiendo de este reconocimiento, podremos aspirar a ser algo más tolerantes pero, eso sí, no hay que irse muy lejos para practicar el ejercicio de la tolerancia, cuanto más cerca…mejor.

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* Jefe de Protocolo de las Cortes de Aragón, Jefe de Relaciones Institucionales de la Exposición Internacional de Zaragoza 2008 y excepcional docente con quien he tenido la suerte de trabajar y aprender.

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2 pensamientos en “La tolerancia cuanto más cerca…mejor

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