Las palabras se las queda…WhatsApp

Sí, sí, antes se las llevaba el viento pero ahora ahí quedan, registradas, para bien o para mal. Rumores, críticas, falsas alarmas se difunden a través de este medio de forma rápida y llegando a un mayor número de personas. Los padres andamos preocupados pensando en lo peligrosas que pueden ser las nuevas tecnologías para nuestros hijos, convirtiéndolas en el nuevo “hombre del saco” (eso sí cuando nos conviene, las utilizamos para tenerlos entretenidos y que no molesten). Culpamos a la “sociedad” (de la que también formamos parte) de los contenidos inapropiados de determinados programas, de la violencia de los videojuegos o de la superficialidad de quienes utilizan ciertas redes sociales. Pero, siempre son los demás quienes se equivocan, los que merecen nuestras críticas, muchas veces, desmesuradas. Sin embargo, preocupados por como proteger a nuestros hijos de esa “sociedad perversa” olvidamos preocuparnos de nuestra propia educación, que también tiene carencias.

RumoresEl verdadero peligro no está en las nuevas tecnologías sino en el uso que hagamos de ellas. La inmediatez y la amplia difusión puede ser beneficiosa si la utilizamos para aportar información que realmente merezca la pena, claro está que dependiendo de quienes sean nuestros interlocutores, ese “merezca la pena” puede variar y, para ello, es necesario saber con quien y para qué nos estamos comunicando. En todo acto de comunicación debería primar el respeto hacia los demás y hacia uno mismo. Cuando aquello que vamos a decir o, mejor dicho, compartir, va a ser escuchado o visto por muchas personas deberíamos hacer un ejercicio de prudencia y reflexión antes de aventurarnos a soltar, sin más, aquello que nos viene a la cabeza en un momento de euforia, confusión o indignación. La consecuencias de nuestra imprudencia pueden ser perjudiciales para los demás y para nosotros mismos, creando confusiones y malentendidos claramente innecesarios.

whatsappAyer leía en un artículo como en muchos centros educativos está creciendo la preocupación ante el mal uso que hacen (o hacemos) los padres de los grupos de WhatsApp, creados espontáneamente para estar en contacto con los padres de las clases de nuestros hijos, o con los de la diversas actividades extraescolares. Estos grupos pueden ser beneficiosos si el uso que se hace de ellos sirve, como comentaba antes, para compartir información que merezca la pena, es decir, única y exclusivamente, para dar información veraz y útil relacionada con las actividades realizadas o propuestas en la escuela. Sin embargo, como alerta el artículo, en ocasiones, estos grupos, fomentan la crítica innecesaria e injustificada hacia el propio centro y las personas que forman parte del mismo (profesores, monitores, alumnos…). Damos crédito a los rumores sin ejercer comprobación previa y nos precipitamos a la hora de compartir determinados contenidos pensando que hacemos un favor al resto, anunciando ciertas “catástrofes” y convirtiéndonos en osados reporteros que van a salvar a los demás de la aguas envenenadas, hombres que raptan niños o profesores que faltan a clase porque no les importa su trabajo.

Pero no solo eso, compartimos sin pudor, chistes de mal gusto (o de nuestro gusto), fotos de nuestras vacaciones o de rica la tortilla de patata que vamos a cenar. Teniendo en cuenta que suele haber 25 niños por clase (más los de actividades extraescolares), multiplicado por el número de hijos que tengas y, considerando, que pueden participar el padre y la madre, los mensajes inapropiados recibidos pueden ser infinitos. Ante tal saturación hay padres que optan por abandonar el grupo o directamente no participar, exponiéndose de esta manera a las críticas del resto (si bien, en estos casos extremos, yo también optaría a exponerme a esas críticas antes que seguir soportando la incesante e innecesaria llegada de información inapropiada).

whatsapp-normal-365xxx80En algunos centros han optado por dar ciertas recomendaciones a los padres, cuestiones tan sencillas como esperar a comprobar una determinada información antes de alertar al resto, evitar compartir cuestiones personales, chistes o comentarios despectivos. Sencillos consejos basados en el sentido común (ese sentido que parece ser no tan común), el respeto y la buena educación.

La educación (y no me refiero a los contenidos curriculares) de nuestros hijos merece el respeto de todos, pero principalmente el nuestro, el de los padres. Pedimos respeto, tolerancia, medios, calidad humana y profesional y, es justo hacerlo, pero no olvidemos que también es necesario aportar y colaborar fomentando aquello que pedimos. Implicarnos en la educación de nuestros hijos no significa hacer los deberes por ellos, convertirnos en su agenda o “protegerles” atacando a quienes les “amenazan”.

Escuchar, jugar, leer, dejar hacer, abrazar, besar, establecer normas y límites. No es fácil educar, requiere tiempo, paciencia, prudencia, reflexión, comprensión, empatía y serenidad para conllevar nuestros momentos de irritación, cansancio, tristeza, inseguridad, miedo o confusión. No somos perfectos, pero somos el principal ejemplo para nuestros hijos y deberíamos cuidar, no solo su educación, sino también la nuestra.

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