La magia de la Navidad

Casi sin darnos cuenta ya está aquí, sí, de nuevo, es Navidad. ¿Pero qué es la Navidad? Si nos ceñimos a lo terminológico y atendiendo a lo que dicta la RAE en su diccionario de la lengua española, la Navidad sería básicamente “en el mundo cristiano, la festividad anual en la que se conmemora el nacimiento de Jesucristo”. En realidad, no sabemos con seguridad la fecha exacta del nacimiento de Jesús, pero sí que desde hace mucho tiempo se celebra el 25 de diciembre. Una fecha en la que en la Antigüedad diferentes culturas celebraban el nacimiento del dios Sol. Sea por el motivo que sea lo que es cierto es que desde hace mucho, mucho tiempo, con carácter pagano o religioso, éstas son fechas de celebración.

Y es que, los seres humanos, necesitamos celebrar, conmemorar, revivir momentos especiales y compartir esos momentos con quienes nos hacen sentir que nuestra existencia merece la pena. Necesitamos momentos de desconexión, de emoción, instantes de felicidad que nos recargan de energía para seguir avanzando y superar esas pequeñas batallas con las que tenemos que lidiar en  nuestro día a día.

Las celebraciones, por tanto, siempre deberían ser motivo de alegría, sin embargo, parece que, en ocasiones, la celebración de la Navidad produce el efecto contrario. Lejos de sentirnos libres a la hora de disfrutar de todo aquello que nos debería proporcionar el hecho de celebrar un acontecimiento especial, el constante bombardeo sobre cómo debe ser esa celebración, las mil y una actividades, comidas, cenas y compromisos varios, nos hacen sentir que no tenemos tiempo ni para respirar.

Ante tal saturación uno no sabe si debe alegrarse o alejarse en estas fechas. Confieso que hay momentos en los que me ronda por la cabeza la segunda opción, pero entonces, cierro los ojos, respiro profundamente y recuerdo como, hace mucho tiempo, creía en los Reyes, los de Oriente, sí, sí, los que son Magos. Sigo con los ojos cerrados y los veo llegar por la avenida donde vivían mis abuelos, van en sus camellos, cargados de regalos, montones de regalos…se paran justo debajo de nuestro balcón y, gracias a su magia y a los larguísimos cuellos de sus camellos, suben hasta el tercero para dejar nuestros regalos y comerse el turrón que les hemos preparado.

Lo recuerdo con tal claridad que, por un instante, parece que el tiempo se ha detenido, abro los ojos, me invade la nostalgia, y recuerdo con cariño a quienes me hicieron sentir que merecía la pena creer en su magia, aquella que pervive a través de quienes cada año siguen esperando la Navidad con ilusión. Entonces siento un gran alivio y pienso que mientras haya alguien que siga creyendo en ella, seguirá existiendo la Navidad y cada año volverán los mágicos recuerdos.

Os deseo una Navidad llena de magia e ilusión, probad a cerrar los ojos aunque sea por un instante…

Postal Navidad Lucas

Feliz Navidad

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2 pensamientos en “La magia de la Navidad

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