Ética y Protocolo

 

que-es-la-etica-y-moral¿Nos hace el protocolo ser mejores personas? Sinceramente creo que no. Sí, lo sé, yo misma en más de una ocasión he ensalzado las bondades de esta disciplina convirtiéndola casi más un instrumento de paz que en la herramienta de comunicación que realmente es. Y es que, como toda herramienta de comunicación, el protocolo puede ser utilizado con fines más o menos honestos, donde la ética profesional no depende ya tanto de la disciplina o herramienta en sí, sino de la moralidad de las personas que hacen uso de ella.

El hecho de disponer de una serie de normas y conocer usos y costumbres que pueden favorecer el entendimiento en nuestras interacciones con los demás transmitiendo una imagen cordial (que nos puede abrir muchas puertas), no nos hace en sí ser seres bondadosos ajenos a cualquier interés que no sea la simple y pura filantropía.

Conocer las posibilidades que nos ofrece el protocolo como herramienta de comunicación que facilita nuestras relaciones a través del desarrollo de actos, en los que el uso adecuado de unos determinados símbolos y códigos de actuación nos da la posibilidad de transmitir la imagen que consideramos adecuada para cada situación, no nos convierte en referentes de virtud y en un modelo único a seguir. Simplemente tenemos la capacidad de crear unas condiciones favorables de entendimiento que después pueden ser utilizadas, bien o mal, según la moral de cada uno.

El protocolo puede crear esas condiciones favorables en las que reina la armonía, pero el trasfondo y los propósitos que oculta esa armonía no dependen ya de él si no de las personas que lo utilizan y, ahí, entra en juego la ética personal y profesional de quienes aprovechan ese ambiente favorable en beneficio propio o, por el contrario, con la intención de favorecer el bien común.

El protocolo puede ser un arma de doble filo porque bien utilizada puede crear las condiciones favorables para que en un encuentro fluya el respeto, la tolerancia y la cordialidad, pero si quienes participan en ese encuentro carecen de estos valores, utilizarán nuestra valiosa herramienta de comunicación en su propio beneficio desvirtuándola y atribuyéndole unas connotaciones negativas que no le son propias.

Así que tratemos al Protocolo en su justa medida sin atribuirle, tanto para bien como para mal, cualidades que son propias de las personas que lo utilizan. Y, sobre todo, quienes lo conocemos bien tratemos de utilizarlo para fines justos y no para enaltecer, sin más, unas “buenas” formas que de poco nos sirven si detrás no hay un buen fondo.

Imagen: abecepedia.com

 

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