Calidad con calidez. III Congreso Internacional “Protocolo y Redes de Investigación”

La semana pasada tuve la suerte de participar en el III Congreso Internacional sobre “Protocolo y Redes de Investigación” celebrado en el salón de actos de las Facultades de Derecho y Ciencias Políticas de la UNED, en Madrid. Si a alguien tengo que agradecer mi participación -aparte de, por supuesto, a su organizadora Dolores del Mar Sáchez-González– es a mi compañera y amiga, Beatriz Freixas Castellnou, que fue quien me animó a participar en equipo presentando dos comunicaciones.

Presentar una comunicación en un congreso exige un arduo trabajo previo de investigación sobre el tema a tratar, con todo lo que ello supone: búsqueda de fuentes, bibliografía y todo tipo de documentación relacionada con el tema; lectura y análisis de textos e imágenes; sistematización de contenidos a tratar; redacción del texto definitivo; y preparación de la presentación oral del trabajo realizado. Sin duda, una labor que requiere gran esfuerzo teniendo en cuenta que, además, se debe compaginar con otras actividades.

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Momentos previos a nuestra llegada al congreso |FOTO: B. Freixas

Hacerlo en equipo tiene muchas ventajas, ya que puedes comentar dudas, hallazgos e incluso nervios de última hora que compartidos parece que son más llevaderos. La participación en estos congresos, supone, además, el rencuentro con muchos amigos y compañeros, y el descubrimiento de personas con las que espero poder volver a coincidir en futuros encuentros.

Todo el esfuerzo previo merece la pena si después, la calidad que se trata de aplicar a nuestros trabajos de investigación viene acompañada de la calidez humana de quienes acuden a presentar sus comunicaciones y, también, de quienes nos acompañan como oyentes en la presentación de las mismas.

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Cena con algunos de los compañeros que asistieron al congreso

En este congreso, como en todos, había temas que nos resultaban más o menos interesantes, no porque en sí lo fuesen, sino porque teníamos más o menos afinidad con el contenido de los mismos. La variedad nos enriquece porque siempre encontramos propuestas interesantes que complementan nuestra visión sobre ciertos temas, e incluso descubrimos nuevos puntos de vista que no habíamos considerado previamente. Por eso, en lo que respecta a los temas tratados, siempre encontramos algo positivo.

Pero sin duda, si hay algo que valoro de estos encuentros, como ya apuntaba, es la calidez humana de quien participa. Admiro a esos ponentes que se expresan de forma cercana, con profesionalidad y, sobre todo, con humildad. Ellos son mi referente, los que me animan a seguir participando en congresos, jornadas y encuentros, con la intención de continuar aprendiendo, mejorando y, ante todo, compartiendo nuestra pasión por el protocolo.

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Fotografía de grupo de los asistentes al III Congreso Internacional “Protocolo y Redes de Investigación” |FOTO: CIEP

Más vale una buena conversación que mil interacciones

 

Hace unos años Internet nos dio la posibilidad de acceder virtualmente a un mundo global que de una manera física hubiese sido impensable conocer. Abrió ante nosotros la posibilidad de descubrir otras formas de pensar, de actuar y de de vivir, pero también nos descubrió que a pesar de la distancia (no solo física) también hay muchas personas con las que compartimos gustos, aficiones y un modo de pensar muy similar. Esta conexión idílica con quienes están lejos pero sentimos cerca tiene la ventaja de hacernos sentir cómodos en nuestras afirmaciones, satisfechos al comprobar que nuestras ideas son compartidas por otras personas que a su vez se sienten identificadas con nosotros y nuestra forma de ver el mundo. Sin duda resulta gratificante sentirse comprendido, apoyado y, porque no, admirado . Pero, cuidado, porque esa sensación que nos aporta el mundo virtual nos puede hacer olvidar la grandes lecciones que nos da el mundo real.

En una reciente entrevista realizada al sociólogo Zygmunt Bauman (de lo mejor que he leído últimamente), éste afirmaba que en el mundo online puedes “blindarte del enfrentamiento con los conflictos. En internet puedes barrerlos bajo la alfombra y pasar todo tu tiempo con gente que piensa igual que tú.” Algo que según Bauman no sucede en el mundo real donde “te encuentras con una multiplicidad de seres distintos, con sus fricciones y sus conflictos.” Es cierto que en la vida real también tendemos a relacionarnos con personas que nos resultan afines prefiriendo compartir con ellas más momentos que con quienes no nos sentimos tan identificados, pero la realidad nos pone delante personas y situaciones de las que no es tan sencillo desconectar dándonos la oportunidad de descubrir que tras un perfil alejado del nuestro se esconde una diversidad que nos enriquece.

Para aprovechar esa oportunidad que nos ofrece el mundo real debemos estar muy atentos y recuperar algo que creo estamos perdiendo: El arte de conversar. Ampliar nuestra red de contactos nos da la posibilidad de interactuar con muchas personas manteniendo multiconversaciones que, en determinados momentos, también pueden resultar enriquecedoras, pero si nos excedemos y dedicamos la mayor parte del tiempo a prestar atención, aunque sea mínima, a todos nuestros contactos nos alejaremos cada vez más de la posibilidad de mantener una buena conversación, de esas que requieren tiempo y atención plena, algo que en nuestros días (a pesar del bombardeo constante en los medios de los beneficios que nos aporta el “mindfulness”) es difícil de conseguir.

Sí, mantener una buena conversación requiere tiempo, atención plena y estar dispuestos a asumir que siempre podemos aprender algo. La magia de una buena conversación nos hace olvidar que tan solo nuestros argumentos son válidos y que las experiencias ajenas no son comparables a las nuestras porque cada vivencia es única. Mantener una buena conversación supone saber escuchar más allá de las respuestas que queremos oír, siendo capaces de aceptar que también podemos estar equivocados. Mantener una buena conversación nos acerca a la realidad aunque no nos guste y, precisamente, ese acercamiento es el único que nos puede dar la posibilidad de cambiarla. Por eso y porque es algo excepcional, más vale una buena conversación que mil interacciones.

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Vacaciones ¿conectados o desconectados?

Ciertamente para quienes estamos habituados a interactuar en redes sociales utilizando los medios que las nuevas tecnologías ponen a nuestro alcance, resulta complicado o prácticamente imposible permanecer totalmente desconectados en vacaciones. Y, ¿por qué estarlo?

Antes enviábamos postales a nuestros familiares y amigos, cartas e incluso fotografías. A la vuelta quedábamos para hablar de nuestros viajes y enseñar nuestras fotos o vídeos, a veces sesiones interminables en los que la iteracción brillaba por su ausencia reduciéndose a un monólogo del entusiasta viajero. En fin, que compartíamos nuestra estancia en idílicos paraísos, pero a destiempo. Respecto a si disfrutábamos más o menos nuestras vacaciones, la nostalgia o el “cualquier tiempo pasado fue mejor” nos hará sentir que sí, pero lo cierto es que, antes como ahora, algunos las disfrutarían intensamente y otros no tanto (aunque luego hiciesen ver que sí), pero bueno, cada uno es o era libre de contar lo que quisiese.

Ahora, podemos mostrar casi en tiempo real lo que estamos haciendo en nuestros “idílicos” destinos, compartir con quienes están al otro lado de las pantallas todas o parte de nuestras vacaciones. Todavía hay quien se resiste a hacerlo, no le interesa o prefiere compartir o no sus experiencias al margen de las pantallas. También antes había gente que no hacía fotos, no enviaba postales o cartas y que casi nunca llamaba por teléfono.

Me sorprenden las críticas hacia quienes utilizan estos nuevos medios para compartir sus “vidas” o parte de ellas. Sobre todo, me llama la atención que se utilicen precisamente esos “medios” para hacerlo.  Es cierto que no todos los contenidos tienen porque interesarnos, al igual que tampoco siempre las conversaciones cara a cara o la lectura de un libro lo hacen.

Por tanto, compartir nuestras vacaciones y elegir la forma de cómo hacerlo, es decisión de cada uno. Eso sí, si decidimos mostrarlo a través de las pantallas debemos ser conscientes de que al otro lado hay otras personas que estarán interesadas o no en ver, leer o escuchar aquello que compartimos. A quienes les puedan encantar o aburrir nuestros contenidos. Personas que pueden ser amigos, conocidos o gente de la que apenas tenemos referencias. Vamos, igual que fuera de las pantallas, donde también encontramos gente en la que podemos confiar y personas en las que no.

También debemos tener en cuenta, que mientras compartimos esos momentos o mantenemos conversaciones a través de las pantallas, no podemos disfrutar de lo que hay fuera de ellas. Y esto, lo digo por experiencia, lo de ser “multitarea” nunca ha ido conmigo, hasta creía ser un poco rarita por ello, pero parece que la neurociencia (que está ahora en auge) me avala: “para trabajar eficientemente debemos hacer una única tarea”. Es decir, podemos compartir imágenes, reflexiones o lo que nos apetezca en Facebook, twitter, Instagram, WhatsApp o donde sea, pero en ese momento dejaremos de prestar atención a familiares, amigos, conocidos, puestas de sol, valles, praderas, montañas, playas, palacios, castillos, lugares idílicos, conversaciones que merecen la pena y, en definitiva, a todo aquello que está al otro lado de la pantalla.

Por eso, mi recomendación, que por supuesto, puedes tener en cuenta o no, es que elijas el momento adecuado para compartir (porque los hay) y, sobre todo, disfruta también de lo que hay al otro lado de la pantalla, porque lo merece.

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¡Felices vacaciones!

El mundo intermedio

 

Ya lo decía mi querido Gracián “La mitad del mundo se está riendo de la otra mitad, y ambas son necias”. Afortunadamente creo que entre ambas mitades hay un mundo intermedio que es el que, sin necesidad de alzar la voz, realmente nos permite avanzar.

Confieso que no vi el debate entre Iglesias y Rivera aunque, por lo que he leído, parece ser que se ajustó bastante a lo dicho por Gracián. Está claro que no todos vemos la realidad de la misma forma y que nuestra manera de abordar y resolver un problema es diferente. Conseguir el consenso no es fácil pero para seguir avanzando es imprescindible. Y, parece ser que nuestros políticos y, quienes ensalzan sus figuras sin ver más allá de su ombligo, no terminan de entenderlo.

Me sorprende que se siga utilizando la frase de “los ciudadanos nos han pedido que…” para justificar unas actuaciones que tan solo responden a una determinada forma de pensar (me da igual la que sea). Los ciudadanos hemos votado y por querer, queremos muchas cosas y muy variadas, tantas que es imposible que ningún político, por muy buenas intenciones que tenga, pueda conseguirlas todas. No se puede complacer a todo el mundo, ya lo sabemos, incluso conseguir que un grupo, por pequeño que sea, se ponga de acuerdo para hacer algo, también es tarea complicada.

Es fácil contentar a quien opina igual que tú, pero cuando alguien lidera un proyecto en el que participan personas con opiniones diversas debe tener la habilidad de ver más allá de su mundo particular en favor del mundo real que, por supuesto, nunca será el ideal. Y, esa habilidad, es la que piden los ciudadanos, bueno, algunos ciudadanos, los que pertenecen a ese mundo intermedio que huye de la necedad que nos impide avanzar.

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Protocolo para niños: 1, 2, 3…ordenamos

Quienes me leéis de forma habitual sabréis que no es la primera vez que escribo sobre protocolo para niños, tanto en este blog como en la revista Pruébate Magazine con la que colaboro desde hace un tiempo. Y es que, no puedo evitar que me salga la vena maternal,también en lo que se refiere al protocolo. Y cuando hablo de protocolo me refiero esa útil herramienta de comunicación indispensable a la hora de facilitar el buen desarrollo de una infinidad de actos en los que todos, de una forma u otra, participamos interactuando con otras personas y, donde el éxito de los mismos depende en gran medida de la fluidez y cordialidad de las relaciones que en ellos se establezcan.

Y, así, como una potente herramienta de comunicación deberíamos enseñársela a los más pequeños. Está muy bien que ellos sepan cómo comportarse en la mesa y en cualquier lugar, de hecho, es algo fundamental para la convivencia. Pero el protocolo nos aporta mucho más, y para poder comprenderlo en su totalidad deberíamos comenzar por entender lo más básico, su esencia y ésta no es otra que el orden, sí, sí, algo tan aparentemente sencillo que facilita mucho las cosas, pero que no siempre es fácil de conseguir.

ORDEN y ¿por qué orden?, os preguntaríais si fueseis niños. ¿Para qué lo queremos? ¿Es necesario? ¡No me gusta el orden! ¡Menudo rollo! Sí, sí, un rollo, pero:

  • – Alguien tiene que ser el primero en tirar los dados cuando jugamos al parchís y no siempre es fácil establecer los turnos.
  • – ¿Es posible subir 25 niños a la vez a un autobús? Menos mal, que podemos formar filas porque todos a la vez no cabemos por la puerta.
  • – Es la hora de ir a comprar el bocadillo, pero si pedimos diez niños a la vez el pobre Antonio no se entera, así que mejor se lo pedimos de uno en uno, según vamos llegando.
  • – La profe nos ha preguntado en la asamblea que hemos hecho este fin de semana, hemos tenido que levantar la mano para hablar de uno en uno porque si no, era imposible oír nada.
  • – Me lo paseé genial en las camas elásticas, aunque tuve que esperar turno para poder saltar y no golpearme con otros compañeros.
  • – Este año somos un montón en el equipo de fútbol sala, así que cuando jugamos un partido nuestros entrenadores forman varios grupos de cinco y nos organizan para que podamos jugar todos.
  • -¡Hemos ganado un partido! ¡Nos han puesto en fila y nos han entregado las medallas!

Y, así, suma y sigue…En fin, que parece que esto del orden no es algo tan raro, al revés, si no fuese por él sería un lío jugar al parchís, a la oca o a las cartas. Sería imposible subir al autobús, entrar en clase o saltar en las camas elásticas. Imposible también comprar un bocadillo, enterarse de lo que cuenta mi compañero en la asamblea o jugar el partido.

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¡Vaya! Pues parece que el ORDEN no es tan malo, es más, facilita mucho las cosas. Está muy bien, pero, ahora viene la segunda pregunta: ¿Cómo establecemos el orden para que nadie proteste? ¡Ay!, esa es la parte más complicada del protocolo. Así que esa lección la dejamos para el próximo día 😉

Red o no red…esa no es la cuestión

La mayoría de nosotros, aunque no seamos conscientes de ello (o no queramos reconocerlo), pertenecemos a alguna red social. Y, no me estoy refiriendo exclusivamente a las redes que se forman en medios como facebook, twitter o linkedin, cuya dimensión y alcance ha hecho que se hayan adueñado de una denominación ya existente y utilizada de forma genérica para referirse a toda“estructura social compuesta por un conjunto de actores (tales como individuos u organizaciones) que están relacionados de acuerdo a algún criterio (relación profesional, amistad, parentesco, etc.)”.

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En principio, somos seres sociales y, salvo que decidamos retirarnos para vivir como ermitaños, prácticamente desde nuestro nacimiento comenzamos a generar redes sociales en el colegio, en el lugar de vacaciones, en las actividades extraescolares y, así continuamos a lo largo de nuestra vida, creando vínculos personales en torno a nuestro trabajo, aficiones o actividades varias.

Considerar la redes sociales como algo positivo o negativo en sí, no tiene ningún sentido, y menos hacerlo con los medios donde se generan estas redes, ya sean online u offiline. Cada vez son más los estudios que avalan los beneficios que aportan a nuestro bienestar las relaciones sociales. Compartir emociones, experiencias, intercambiar opiniones, consejos, o recibir ayuda y asistencia en determinados momentos, pueden ser factores claves en el desarrollo de una vida saludable.

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El nivel de implicación interpersonal que establecemos en las redes sociales puede verse propiciado por un determinado contexto, pero no hay duda de que en el fondo somos nosotros (o deberíamos ser) quienes establecemos esas relaciones. Y, de nosotros depende que éstas sean o no de calidad, por tanto, beneficiosas. Valores como la tolerancia, el respeto, la honestidad, la confianza, la prudencia, la libertad; junto con la adecuada gestión de nuestras emociones, contribuyen al fortalecimiento de esas relaciones que nos hacen sentir bien y crecer como personas.

Trabajar en aquello que favorece las relaciones de calidad es tarea de todos y cada uno de nosotros. Culpar a los medios en abstracto, ya sean facebook, wasap o la comunidad de vecinos, sirve de poco. Tratar de evitar aquello que también puede generar algo muy positivo no soluciona un problema de fondo que va más allá del hecho de formar parte o no de una determinada red social.

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Por tanto, deberíamos ser consecuentes con nuestras decisiones, asumir nuestros aciertos o errores y mantener una actitud positiva y de superación, independientemente de que otros no la tengan. Eso es lo que realmente hace que las relaciones sociales generadas en las redes sean positivas. Y, ese beneficio es tan saludable y gratificante que sería poco práctico no formar parte de las mismas, eso sí, siempre siendo conscientes y libres a la hora de elegir nuestra manera de estar o no en ellas.

 

La magia de una visita guiada

El pasado sábado tuve la oportunidad de disfrutar junto a mis queridos compañeros y amigos “protocoleros” de una magnífica vista guiada al Espacio Fundación Telefónica. Sandra Gutiérrez Andaluz ejerció de forma impecable la labor de cicerone, consiguiendo captar nuestra atención desde el primer momento. Sin pausa pero sin prisa, con una óptima dicción y una exposición clara y concisa, Sandra nos fue guiando por los distintos espacios que configuran la esencia de un edificio donde tienen cabida eventos, exposiciones, talleres y diversas actividades relacionadas con el arte y la cultura.

Son muchos los edificios institucionales, sedes de fundaciones o empresas cuyo atractivo -bien por sus peculiaridades históricas y artísticas; su adaptación a diversas necesidades con la integración de la nuevas tecnologías; o la innovación de construcciones recientes que conjugan a la perfección arte, funcionalidad y tecnología- suma un valor añadido a las funciones desempeñadas por quienes realizan allí su trabajo bien sea de forma permanente o puntual.

Ese valor añadido del que disfrutan los usuarios de estos edificios – bien como trabajadores, clientes, espectadores o público en general- sale reforzado si los responsables de comunicación, protocolo, relaciones institucionales o difusión cuentan con profesionales capaces de trasmitir el potencial de los mismos guiándonos por sus  instalaciones y haciéndonos sentir parte de ese espacio que merece la pena disfrutar.

La estereotipada imagen del guía que repite cual “loro” un discurso memorizado que lo único que provoca son ganas de salir corriendo, dista (salvo excepciones) de la realidad de un trabajo que exige una adecuada preparación, y para el que son necesarios una serie de requisitos y cualidades que poco tienen que ver con aprenderse un discurso de memoria, sin más. Los guías; informadores; responsables de protocolo, relaciones institucionales, comunicación; o quienes asumen la función de explicar en las correspondientes visitas guiadas, deben ser grandes comunicadores y reunir todas las condiciones que debe poseer un buen orador pero, además, con el condicionante de que deben saber moverse y dirigirse a un grupo en un espacio (o espacios) donde pueden encontrarse con otros visitantes, personas que están trabajando, sonido ambiente, ruidos inesperados o incluso con otros compañeros que están desempeñando la misma labor.

Por eso, además de ser capaz de adaptar las explicaciones a las características del grupo, poseer una buena dicción; dominar la comunicación no verbal, las pausas, el ritmo, los silencios; mostrar naturalidad, confianza, sentido del humor, amabilidad y entusiasmo. Un buen guía debe conocer y saber moverse por diferentes espacios en los que tendrá que adaptar su tono y volumen para poder ser escuchado por su grupo sin molestar a otras personas; debe saber también escoger el lugar adecuado para explicar desde la mejor perspectiva aquello que está mostrando; y ser capaz de improvisar alargando o acortando el discurso en caso de que la ocupación de otros espacios o salas lo requiera.

Incluso en ocasiones, deberá mostrar la dosis justa de firmeza que también se hace necesaria en la conjugación de factores tan imprevisibles y difíciles de gestionar como son el espacio, tiempo y, en especial, el factor humano.

Una conjugación que requiere una excelencia y profesionalidad no siempre bien valorada ya que, al igual que suele sucede con los profesionales de protocolo, si algo sale mal enseguida te señalan pero si sale bien parece que sea por arte de magia. Y, os puedo asegurar que, en el éxito de una visita guiada, la magia no surge si no está respaldada por un buen profesional que ha preparado su trabajo a conciencia. Por eso, si alguna vez tenéis la fortuna de disfrutar de esa magia, pensad que el truco es el fruto de un trabajo bien hecho.

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Visita al Espacio Fundación Teléfonica

¡Que viene el…WhatsApp!

Sí, lo sé, yo soy la primera que he escrito algún artículo advirtiendo del peligro que supone el uso incorrecto del WhatsApp, especialmente en esos grupos que los padres creamos para estar en contacto con otros padres a los que nos une la circunstancia de que nuestros hijos están en la misma clase o en la misma actividad extraescolar. Pero el hecho de que en algunos de estos grupos ciertas personas se dejen llevar por la impulsividad o pongan de manifiesto la falta de sentido común, no significa que todos deban ser calificado como “altamente peligrosos” y que no tengan, también, sus ventajas.

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Puedo decir, por experiencia, que son muchos los padres cuya prudencia y sentido común les hace ser conscientes de que estos grupos sirven exclusivamente para gestionar temas de carácter educativo, para compartir “información veraz y útil relacionada con las actividades realizadas o propuestas en la escuela”. Los chistes, fotos personales, rumores o críticas no tiene cabida en estos grupos.

Parece que siempre tendemos a destacar las conductas no adecuadas, convirtiéndolas casi en norma en vez de en excepción. Pero el hecho de que existan comportamientos poco apropiados no nos puede hacer olvidar que sí son muchas las personas que actúan de forma respetuosa, tratando de colaborar con los demás, evitando los rumores y favoreciendo la crítica constructiva.

Está claro que los padres de hoy en día utilizamos vías de comunicación diferentes a las que utilizaban nuestros padres, pero las de ellos también eran diferentes a las de sus antepasados. Las nuevas tecnologías han ampliado nuestras redes sociales dando mayor difusión e inmediatez a nuestros comentarios. Negarse a utilizar estos nuevos medios tendría el mismo sentido que haberse negado en su momento a utilizar el telégrafo alegando que era un medio de comunicación impersonal, frío y distante.

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El peligro no está en los medios utilizados sino en quienes los utilizan y, personas imprudentes las hay exista wasap o no. La comunicación interpersonal puede ser muy beneficiosa si se utiliza con el propósito de construir, de compartir aquello que nos hace sentir bien y crecer como personas. Desde las escuelas se fomenta la participación de los padres en actividades conjuntas que favorecen la implicación y colaboración en esa apasionante aventura que es la educación de nuestros hijos. Una participación en la que la buena disposición y sintonía entre los padres es fundamental a la hora de construir un proyecto educativo donde valores como el respeto, la tolerancia, la honestidad o la solidaridad conforman la calidad humana de nuestros hijos.

Un calidad humana, afortunadamente, cada vez más demandada e imprescindible para utilizar en positivo y no convertir en “lobo” lo que el futuro (y nuevas tecnologías) les ofrezca.

Las palabras se las queda…WhatsApp

Sí, sí, antes se las llevaba el viento pero ahora ahí quedan, registradas, para bien o para mal. Rumores, críticas, falsas alarmas se difunden a través de este medio de forma rápida y llegando a un mayor número de personas. Los padres andamos preocupados pensando en lo peligrosas que pueden ser las nuevas tecnologías para nuestros hijos, convirtiéndolas en el nuevo “hombre del saco” (eso sí cuando nos conviene, las utilizamos para tenerlos entretenidos y que no molesten). Culpamos a la “sociedad” (de la que también formamos parte) de los contenidos inapropiados de determinados programas, de la violencia de los videojuegos o de la superficialidad de quienes utilizan ciertas redes sociales. Pero, siempre son los demás quienes se equivocan, los que merecen nuestras críticas, muchas veces, desmesuradas. Sin embargo, preocupados por como proteger a nuestros hijos de esa “sociedad perversa” olvidamos preocuparnos de nuestra propia educación, que también tiene carencias.

RumoresEl verdadero peligro no está en las nuevas tecnologías sino en el uso que hagamos de ellas. La inmediatez y la amplia difusión puede ser beneficiosa si la utilizamos para aportar información que realmente merezca la pena, claro está que dependiendo de quienes sean nuestros interlocutores, ese “merezca la pena” puede variar y, para ello, es necesario saber con quien y para qué nos estamos comunicando. En todo acto de comunicación debería primar el respeto hacia los demás y hacia uno mismo. Cuando aquello que vamos a decir o, mejor dicho, compartir, va a ser escuchado o visto por muchas personas deberíamos hacer un ejercicio de prudencia y reflexión antes de aventurarnos a soltar, sin más, aquello que nos viene a la cabeza en un momento de euforia, confusión o indignación. La consecuencias de nuestra imprudencia pueden ser perjudiciales para los demás y para nosotros mismos, creando confusiones y malentendidos claramente innecesarios.

whatsappAyer leía en un artículo como en muchos centros educativos está creciendo la preocupación ante el mal uso que hacen (o hacemos) los padres de los grupos de WhatsApp, creados espontáneamente para estar en contacto con los padres de las clases de nuestros hijos, o con los de la diversas actividades extraescolares. Estos grupos pueden ser beneficiosos si el uso que se hace de ellos sirve, como comentaba antes, para compartir información que merezca la pena, es decir, única y exclusivamente, para dar información veraz y útil relacionada con las actividades realizadas o propuestas en la escuela. Sin embargo, como alerta el artículo, en ocasiones, estos grupos, fomentan la crítica innecesaria e injustificada hacia el propio centro y las personas que forman parte del mismo (profesores, monitores, alumnos…). Damos crédito a los rumores sin ejercer comprobación previa y nos precipitamos a la hora de compartir determinados contenidos pensando que hacemos un favor al resto, anunciando ciertas “catástrofes” y convirtiéndonos en osados reporteros que van a salvar a los demás de la aguas envenenadas, hombres que raptan niños o profesores que faltan a clase porque no les importa su trabajo.

Pero no solo eso, compartimos sin pudor, chistes de mal gusto (o de nuestro gusto), fotos de nuestras vacaciones o de rica la tortilla de patata que vamos a cenar. Teniendo en cuenta que suele haber 25 niños por clase (más los de actividades extraescolares), multiplicado por el número de hijos que tengas y, considerando, que pueden participar el padre y la madre, los mensajes inapropiados recibidos pueden ser infinitos. Ante tal saturación hay padres que optan por abandonar el grupo o directamente no participar, exponiéndose de esta manera a las críticas del resto (si bien, en estos casos extremos, yo también optaría a exponerme a esas críticas antes que seguir soportando la incesante e innecesaria llegada de información inapropiada).

whatsapp-normal-365xxx80En algunos centros han optado por dar ciertas recomendaciones a los padres, cuestiones tan sencillas como esperar a comprobar una determinada información antes de alertar al resto, evitar compartir cuestiones personales, chistes o comentarios despectivos. Sencillos consejos basados en el sentido común (ese sentido que parece ser no tan común), el respeto y la buena educación.

La educación (y no me refiero a los contenidos curriculares) de nuestros hijos merece el respeto de todos, pero principalmente el nuestro, el de los padres. Pedimos respeto, tolerancia, medios, calidad humana y profesional y, es justo hacerlo, pero no olvidemos que también es necesario aportar y colaborar fomentando aquello que pedimos. Implicarnos en la educación de nuestros hijos no significa hacer los deberes por ellos, convertirnos en su agenda o “protegerles” atacando a quienes les “amenazan”.

Escuchar, jugar, leer, dejar hacer, abrazar, besar, establecer normas y límites. No es fácil educar, requiere tiempo, paciencia, prudencia, reflexión, comprensión, empatía y serenidad para conllevar nuestros momentos de irritación, cansancio, tristeza, inseguridad, miedo o confusión. No somos perfectos, pero somos el principal ejemplo para nuestros hijos y deberíamos cuidar, no solo su educación, sino también la nuestra.

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Protocolo…mucho por hacer

Hace ya más de un año que comenzó la andadura de este blog con el objeto de descubrir el significado del protocolo, o al menos, lo que significa para mí, creo que todavía queda mucho por hacer ya que, aunque afortunadamente han crecido el número de blogs dedicados a esta materia con interesantes aportaciones y necesarias reflexiones, la percepción errónea sigue existiendo.

Todavía sigo leyendo muchas noticias en las que se confunde protocolo y etiqueta. Se siguen atribuyendo a esta última unas “obligaciones” que poco tienen que ver con el sentido común y la lógica que se debe aplicar a la hora de elegir la indumentaria adecuada cuando asistimos a determinados actos, o a la manera de comportarnos en los mismos. El hecho de que ese sentido común no se tan común como parece hace necesario el que en determinadas situaciones sea adecuado indicar unas pautas que favorezcan la fluidez en el trato o la integración y participación de quienes acuden a determinados eventos.

El "protocolo" de las zapatillas de Carolina |ABC

El “protocolo” de las zapatillas de Carolina |ABC

En cuestión de protocolo, tan pronto se critica su excesiva rigidez como la ambigüedad en su normas cuando éstas dejan cierto margen de actuación. En qué quedamos, ¿hay que ser rígido o flexible?. Se alaba a aquellos que no siguen un “estricto protocolo” porque son cercanos en su trato con los demás pero ¿dónde dice el protocolo que no se debe saludar con cordialidad? o ¿cuál es la norma que prohíbe la naturalidad?. Existen normas que regulan el uso de símbolos o que establecen “el régimen de precedencias de los cargos y entes públicos en los actos oficiales”, normas que por supuesto deben revisarse o actualizarse -al igual que el ceremonial frío y distante de muchos actos institucionales- pero a las que no podemos culpar de provocar conflictos protocolarios por su excesiva rigidez ya que hay quienes no tienen ningún problema en saltárselas según les conviene.

Encuentros complicados...

Encuentros complicados…

En lo que se refiere al orden y ubicación de autoridades en actos oficiales, revisar la normativa adaptándola a los cambios es importante, pero encontrar una fórmula ideal que contente a todas las “autoridades” no es fácil si no hay buena disposición por parte de las mismas. No es el protocolo el que hace fríos o distantes a quienes nos representan en las instituciones si no la falta de empatía y la desconexión con la realidad. El protocolo es una importante herramienta de comunicación pero para transmitir una determinada imagen tiene que haber un cambio de fondo y una verdadera predisposición por parte de quienes lo utilizan.

Obama y el Papa Francisco "rompiendo" el protocolo...|20 minutos

Obama y el Papa Francisco, los que mejor “rompen” el protocolo…|20 minutos

Si en cuestiones de etiqueta es recomendable establecer unas pautas que unifiquen el sentido común que a todos nos falla alguna vez, en lo referente a protocolo es imprescindible establecer normas que regulen la representatividad de quienes ostentan ciertos cargos para evitar los conflictos que la vanidad o la incoherencia de algunos provoca. Y es que, al pobre protocolo le ha tocado la complicada misión de conseguir lo que todos exigimos para los demás (orden, respeto, tolerancia) pero que no siempre estamos dispuestos a dar. Difícil tarea porque si sale bien nadie se acuerda de él pero si sale mal, rápidamente se convierte en culpable.