Protocolo para los “despistados”: Las catenarias

Hace tiempo escribí un artículo en el que explicaba que protocolo es algo más que buena educación, aunque ciertamente la forma de comportarse en determinados lugares públicos y, especialmente en todos aquellos actos sociales en los que participamos, han pasado a formar parte de esa concepción genérica del protocolo que aborda aspectos relacionados no solo con el orden de los actos, sino también con su ceremonial, etiqueta y, en este caso, comportamiento adecuado a seguir en los mismos.

En ese comportamiento adecuado, la urbanidad o buena educación que debe o debería regir nuestro comportamiento para favorecer la interacción con los demás, es lo que justifica el artículo que hoy escribo.

Porque la urbanidad y el buen comportamiento posibilita el hecho de que la convivencia sea favorable y que el respeto mutuo sirva para mantener la armonía de nuestras relaciones. En el artículo anteriormente citado, explicaba como con frecuencia nos preocupamos de la parte más vistosa del ceremonial y la etiqueta, olvidando con frecuencia detalles básicos de la convivencia como el pedir las cosas por favor, ceder el asiento a quien más lo necesita o dar las gracias a quien amablemente nos ha atendido.

En ese mismo artículo excusaba ese inadecuado comportamiento afirmando que “En esta vida ajetreada que llevamos quiero pensar que no es la mala educación o un marcado sentimiento de “ombligo del mundo” el que nos lleva a anteponer nuestras “necesidades” a las de los demás, seguramente esta falta de cortesía se debe simplemente al despiste.”

Sí, el despiste. Ese gran aliado que a veces nos sirve de excusa para justificar un procedimiento no adecuado. Y, ese “despiste”, es bastante frecuente a la hora de no respetar los límites marcados por las catenarias. Ese útil elemento tan utilizado en actos, ceremonias y eventos, que sirve para marcar zonas reservadas que deben ser protegidas o delimitadas para un uso determinado. También es frecuente su uso en museos o salas de exposición para proteger las obras allí expuestas.

Por motivos de trabajo he comprobado en más de una ocasión como algún “despistado” las saltaba o se flexionaba para pasar por debajo “sin darse cuenta” y acceder a un espacio reservado, que lo está, no por capricho, sino por precaución, por seguridad, que está delimitado por una determinada razón que es la que justifica el adecuado uso que se debe dar al mismo.

Advertidos de su despiste, en la mayoría de los casos, los infiltrados se disculpan por no haberse dado cuenta de la existencia de dicha catenaria y se van del lugar volviendo a repetir el ejercicio gimnástico que les ha permitido adentrase en el espacio “prohibido” sin ser conscientes de ello.

Para quienes tenemos que indicar que se deben respetar ciertos límites, nos resultaría mucho más sencillo no tener que hacerlo, pero si por sobrepasar esos límites el “despistado” sufriese algún percance, las consecuencias serían mucho más desagradables que el hecho de tener que indicar y hacer respetar esos límites. Por eso, una vez más recuerdo a los “despistados” que las catenarias tienen una función: delimitar un espacio reservado por motivos de seguridad. Respetar esa función pone de manifiesto nuestro respeto hacia los demás y hacia nosotros mismos.

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Un espacio delimitado con catenarias durante la visita de los reyes de España al Museo de la Ciencia Emergente y la Innovación (Miraikan)|HOLA

Feliz semana

Protocolo, cortesía y…mucho más

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Ayer por la tarde asistí a una conferencia que forma parte del ciclo “El Protocolo un valor en alza” organizado por Ibercaja y que está teniendo lugar durante este mes en Zaragoza. El título de la conferencia de este martes era “La cortesía verbal en las relaciones de convivencia social y protocolo”, sin duda, una temática muy interesante. Desde el punto de vista lingüístico fue una ponencia extraordinaria en el que la persona que daba la conferencia dio una lección magistral sobre el uso de la lengua en lo que a cortesía verbal aplicada a situaciones cotidianas de interacción social se refiere. Hasta aquí nada que objetar salvo una pequeña cuestión… apenas se habló de protocolo.

Y, es una lástima porque el aforo, que era de 362 personas, estaba completo. Una oportunidad perdida para aclarar que el protocolo no es únicamente una cuestión de cortesía o buena educación sino una disciplina que integra otros muchos aspectos que siguen pasando desapercibidos al ocultarse tras una visión generalizada que continúa asignando al protocolo funciones que son más bien propias de la etiqueta o simplemente de la buena educación.

Como ya hemos explicado en más de una ocasión es un hecho que el término protocolo, más allá de denominar un “conjunto de reglas establecidas por norma y por costumbre para ceremonias y actos oficiales solemnes” ha pasado a englobar todos aquellos aspectos relacionados con el ceremonial, la etiqueta, la cortesía, urbanidad y buena educación que son necesarios en el desarrollo de todo tipo de actos o eventos, oficiales o no oficiales, de mayor o menor solemnidad. Sí, incluyo los no oficiales porque la práctica profesional ha trasladado las técnicas propias de los actos oficiales (con las adaptaciones correspondientes) a otros ámbitos que, aunque carezcan de esta oficialidad, tienen cada vez mayor relevancia social. Esta ampliación o generalización del término protocolo se ha trasladado también al ámbito académico donde la denominación de títulos propios, masters o grados incluye la palabra Protocolo tendiendo a excluir otras que están quedando (salvo raras excepciones) en desuso, como es el caso del Ceremonial. Por el contrario, está en auge el acompañamiento del término de su vertiente más práctica: “La organización de eventos”. Una de las principales funciones desempeñadas por el profesional de protocolo, que como decía, ha traspasado el ámbito oficial aplicando y adaptando muchas de las reglas y costumbres de éste a ámbitos no oficiales.

El Protocolo se convierte en un “cajón de sastre” donde el ceremonial, la etiqueta, la urbanidad, la cortesía, los buenos modales y todo lo que implica la gestión de actos/ceremonias/eventos tienen cabida. Quienes conocemos esta disciplina tenemos (o deberíamos tener) claros todos estos conceptos y ser conscientes de que si hablamos de cómo debemos saludar en un determinado acto nos estamos refiriendo a la etiqueta del mismo; o que si explicamos que debemos ser amables con las personas con las que trabajamos no estamos haciendo otra cosa que poner de manifiesto de la importancia de la cortesía.

Y sí, es probable que todo ello tenga cabida dentro del Protocolo, siempre y cuando no olvidemos que éste no se reduce únicamente a uno de estos aspectos. No podemos ser críticos con los deslices de quienes utilizan el término protocolo para hablar exclusivamente de indumentaria o familiaridad en el trato si nosotros, los profesionales del protocolo, no somos rigurosos a la hora de utilizar la terminología. Y, sobre todo, si queremos que el protocolo sea reconocido como una disciplina integradora que aporta un valor comunicativo imprescindible en el ámbito profesional, deberíamos tener cuidado al generalizar y no dar nunca por supuesto que los demás deben saber que éste no es solo etiqueta o cortesía aunque sean partes imprescindibles del mismo.

Protocolo en El Quijote: La ínsula Barataria

 

Como no sucumbir a la tentadora propuesta que mis queridas amigas y compañeras de Protocol Bloggers Point nos han hecho esta semana. Nos invitan a “buscar detalles de #ceremonial,  #etiqueta y #protocolo en  cualquier obra de Cervantes y/o de  Shakespeare.” Brillante idea la de este original desafío y una buena forma de rendir homenaje a dos grandes de la literatura de quienes esta semana celebramos el IV Centenario de su muerte.

De entre los muchos temas que tratamos los blogueros de protocolo no faltan los relacionados con tomas de posesión, recepciones, símbolos, títulos o tratamientos. Protocolo, ceremonial y etiqueta tratan de regular y llevar a buen fin todo lo relacionado con estos aspectos como manifestación visible del respeto que merecen nuestras instituciones. El mal uso del protocolo; utilizar éste en beneficio personal; o tratar de ridiculizar a alguien en su nombre, puede provocar el efecto contrario al deseado y volverse claramente en nuestra contra.

He aquí mi elección ante este desafío: un fragmento del capítulo XLV en el que Sancho Panza es nombrado gobernador de la ínsula Barataria y, en el que gracias a su sensatez y buen juicio, deja en evidencia a quienes pretenden evidenciarlo a él. Un ejemplo de como el protocolo al servicio de la vanidad pierde todo su sentido y, de como quienes así lo utilizan pierden, a su vez, el respeto que su buen uso les daría.

Digo, pues, que con todo su acompañamiento llegó Sancho a un lugar de hasta mil vecinos, que era de los mejores que el duque tenía. Diéronle a entender que se llamaba «la ínsula Barataria», o ya porque el lugar se llamaba «Baratario» o ya por el barato con que se le había dado el gobierno9. Al llegar a las puertas de la villa, que era cercada10, salió el regimiento del pueblo a recebirle11, tocaron las campanas y todos los vecinos dieron muestras de general alegría y con mucha pompa le llevaron a la iglesia mayor a dar gracias a Dios, y luego con algunas ridículas ceremonias le entregaron las llaves del pueblo y le admitieron por perpetuo gobernador de la ínsula Barataria.
El traje, las barbas, la gordura y pequeñez del nuevo gobernador tenía admirada a toda la gente que el busilis del cuento no sabía12, y aun a todos los que lo sabíanI, que eran muchos. Finalmente, en sacándole de la iglesia le llevaron a la silla del juzgado y le sentaron en ella, y el mayordomo del duque le dijo:
—Es costumbre antigua en esta ínsula, señor gobernador, que el que viene a tomar posesión desta famosa ínsula está obligado a responder a una pregunta que se le hiciere que sea algo intricada y dificultosa, de cuya respuesta el pueblo toma y toca el pulso del ingenio de su nuevo gobernador y, así, o se alegra o se entristece con su venida.
En tanto que el mayordomo decía esto a Sancho, estaba él mirando unas grandes y muchas letras que en la pared frontera de su silla estaban escritas, y como él no sabía leer, preguntó que quéII eran aquellas pinturas que en aquella pared estaban. Fuele respondido:
—Señor, allí está escrito y notado el día en que vuestra señoría tomó posesión desta ínsula, y dice el epitafioIII, 13: «Hoy día, a tantos de tal mes y de tal año, tomó la posesión desta ínsula el señor don Sancho Panza, que muchos años la goce».
—¿Y a quién llaman don Sancho Panza? —preguntó Sancho.
—A vuestra señoría —respondió el mayordomo—, que en esta ínsula no ha entrado otro Panza sino el que está sentado en esa silla.
—Pues advertid, hermano —dijo Sancho—, que yo no tengo don, ni en todo mi linaje le ha habido: Sancho Panza me llaman a secas, y Sancho se llamó mi padre, y Sancho mi agüelo, y todos fueron Panzas, sin añadiduras de dones ni donas14; y yo imagino que en esta ínsula debe de haber más dones que piedras; pero basta: Dios me entiende, y podrá ser que si el gobierno me dura cuatro días yo escardaré estos dones15, que por la muchedumbre deben de enfadar como los mosquitos. Pase adelante con su pregunta el señor mayordomo, que yo responderé lo mejor que supiere, ora se entristezca o no se entristezca el pueblo.”
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“Le admiten a Sancho como gobernador de la ínsula Barataria” grabado de Gustavo Doré

Un traje singular y un tratado muy oportuno

El pasado domingo, como parte de la actividades previas a la celebración del Día Internacional de loa Museos, se presentaron dos trajes femeninos en la Sección de Etnología del Museo de Zaragoza. Estos dos nuevos trajes de indumentaria aragonesa se incluyen en al apartado “Colecciones Históricas”, nos permiten comprobar como se fueron adaptando los trajes tradicionales a la moda que llegaba de ciudades como París, Londres y Nueva York.

María Jesús Ruiz de Aufa-Somerondón, presentando los nuevos trajes |Foto: Javier Zambrano

María Jesús Ruiz de Aufa-Somerondón, presentando los nuevos trajes |Foto: Javier Zambrano

Este proceso de adaptación a las nuevas tendencias no supuso una ruptura brusca con lo anterior, se fue dando de forma progresiva. Las damas de la alta sociedad fueron las primeras en vestir los nuevos diseños que posteriormente irían adoptando las clases populares. Precisamente los trajes que se se presentaron en la Sección de Etnología del Museo de Zaragoza, son un ejemplo de estas tendencias.

Vitrina donde se exponen los trajes presentados

Vitrina donde se exponen los trajes presentados

De los dos trajes presentados hay uno popular que sigue la moda internacional, perteneciente a la primera mitad del siglo XX, donde la adaptación a la moda se hace en la medida de lo posible utilizando tejidos como la sedalina que sustituían a otros más ricos como el terciopelo o los tafetanes. La hechura del traje también se inspiraba en los diseños que marcaba la moda. El segundo, es un traje de paseo con polisón que perteneció a una dama zaragozana y fue confeccionado en Nueva York en 1886.

Traje de paseo con polisón

Traje de paseo con polisón

Sin duda, el traje de paseo con polisón, llamó especialmente nuestra atención por su sobriedad y elegancia, realizado en terciopelo azul y con ese curioso elemento que proporcionaba volumen a la parte posterior del vestido. Fue una moda efímera que desapareció definitivamente en la última década del siglo. El polisón proporcionaba un característico perfil a la silueta femenina que hoy nos resulta ciertamente curioso. El traje que se puede admirar desde el domingo en el museo, responde a lo que se denominaría “el segundo polisón”, un estilo más sobrio donde predominan los colores intensos y oscuros, se utiliza “tono sobre tono”, es decir, un mismo color para así tratar de jugar con las texturas. El cuello del vestido es cerrado y chimenea, con hombros picudos. En su conjunto resulta un traje hermético que trasmite cierta sensación de altivez a sus portadoras.

Tarde de domingo en la isla de la Grande Jatte , Seurat (1884-1886)

Tarde de domingo en la isla de la Grande Jatte , Seurat (1884-1886)

Buscando documentación gráfica y escrita que nos ayudase a reconstruir aquellas situaciones an la que las damas de la alta sociedad lucían estos trajes, hemos encontrado un artículo muy interesante en el se cita un tratado de etiqueta que seguramente ilustra a la perfección el uso de la indumentaria en este periodo. La obra titulada Deberes de buena sociedad fue escrita por Camilo Fabra i Fontanills (1833-1902), alcalde de Barcelona, senador vitalicio y primer marqués de Alella.

533471-340x340Tal y como describe el post “A partir de las indicaciones que ofrece Fabra, podemos imaginarnos una alta sociedad barcelonesa disfrutando de múltiples bailes y conciertos, que se organizaban en residencias particulares.” Además, el artículo explica con corrección el significado de etiqueta , un término no siempre bien entendido:

“…entendiendo la etiqueta como un aspecto del ceremonial que se encarga de definir los estilos, los usos y las costumbres que se han de seguir en actos públicos solemnes; y también a la manera como se debe tratar a las personas a diferencia de los usos de confianza o familiaridad. La etiqueta se aplica en el vestuario, en la gestualidad y en el posicionamiento en el espacio de las personas asistentes a un evento. Su finalidad es la de unificar la apariencia y el comportamiento, para transmitir una imagen concreta que el anfitrión –quien organiza la fiesta– recomienda.”

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Inauguración oficial de la Exposición Aragonesa de 1885

Quizá con estas descripciones y algunas imágenes de aquella época resulte más sencillo imaginar a nuestra dama zaragozana, con su traje de terciopelo azul, asistiendo a una recepción o cualquier otro ato público solemne. Pero además de imaginar, ahora de tenemos la suerte de poder admirar de cerca este traje singular gracias a la oportunidad que nos brinda la Sección de Etnología del Museo de Zaragoza.

Sección de Etnología del Museo de Zaragoza en el Parque José Antonio Labordeta

Sección de Etnología del Museo de Zaragoza en el Parque José Antonio Labordeta

Imágenes: Museo de Zaragoza

Documentación:

http://historiadeltraje.blogspot.com.es/

http://comein.uoc.edu/divulgacio/comein/ca/numero44/index.html

El protocolo también entiende de emociones

Hace unos días, gracias a una amiga, leía un artículo en el que se destacaba la naturalidad con la que los príncipes de Noruega se desenvuelven en los diferentes actos en los que participan, en el mismo se citaba textualmente como El protocolo cedió a la emoción cuando los príncipes Haakon y Mette-Marit asistieron al estreno en Oslo de la segunda temporada de una serie de documentales sobre jóvenes de origen extranjero que han tenido éxito en la sociedad noruega.”  Una afirmación que creo es necesario matizar, ya que el protocolo no cede sino que, más bien, asume una demostración de emociones cada vez más evidente, no solo en la realeza noruega, sino en las nuevas generaciones de príncipes y monarcas europeos.

Los príncipes de Noruega muestran sus emociones en público |HOLA

Los príncipes de Noruega muestran sus emociones en público |HOLA

Parece que no conseguimos dejar atrás esas visión de un protocolo rígido, inflexible y centrado únicamente en las cuestiones de etiqueta. Y, sinceramente, no creo que la culpa resida únicamente en los periodistas que escriben estas noticias. Ya hace un tiempo escribía un artículo, en esta misma linea, en el que el entonces príncipe de Holanda manifestaba no considerarse un “obsesionado del protocolo” porque la gente se podía dirigir a él de la forma que creyese más conveniente.

No es la primera vez, que personas que necesitan y se sirven del protocolo en su trabajo, “presumen” de ser poco “protocolarios”. Como ya explicaba en dicho artículo, el hecho de mostrar cercanía o naturalidad en el trato con los demás cuando alguien acude a determinados actos no tiene nada que ver con “saltarse el protocolo”. Se trata simplemente de un cambio de actitud, necesario, de quienes han comprendido que ocupar cargo público conlleva derechos y obligaciones, entre ellas la de mostrar respeto hacia quienes participan en esos actos a los que acuden y donde la altivez, frialdad o arrogancia no aportan ningún beneficio y, por supuesto, no favorecen una relación fluida. Sin embargo, este hecho, no impide que en esos actos no sea necesario establecer ciertas normas y límites del todo imprescindibles para el correcto desarrollo de los mismos.

Cada situación requiere un comportamiento adecuado a la misma |HOLA

Cada situación requiere un comportamiento adecuado a la misma |HOLA

Los príncipes, reyes y demás “autoridades” o “personalidades” no acuden de forma casual a determinados eventos, todo está bien programado. Es necesario conocer con antelación el motivo de le celebración de acto; la fecha y el lugar elegidos; la selección de invitados; los itinerarios, logística y seguridad; las líneas de saludo, presidencias y precedencias (que no son fruto de azar); programa de acto; intervención de medios de comunicación y puntos de foto; celebración de “brunch”, “lunch”, “coffe break”, desayuno, café almuerzo, aperitivo o lo que sea…vamos, momento distendido. Hasta los actos más “casual” necesitan tener en cuenta todos estos aspectos de los que se ocupa el protocolo, sí, ese protocolo en sentido amplio que asume, además de orden y normas, las funciones propias del ceremonial y etiqueta que todo acto requiere. Y, ese protocolo no impone sino que recoge, asume y utiliza de forma conveniente usos y costumbres que favorecen la fluidez en las relaciones necesarias en los diferentes actos, ceremonias y eventos, en los que participan diversos agentes, es decir, representantes de instituciones, entidades, organizaciones y colectivos.

Recepción en casa de los príncipes Haakon y Mette-Marit |HOLA

Recepción en casa de los príncipes Haakon y Mette-Marit |HOLA

Es cierto que la personalidad y carácter de cada persona puede hacernos sentir mayor o menor afinidad en función de su simpatía, naturalidad, seriedad, espontanéidad, discreción…teniendo en cuenta el momento, situación o incluso nuestra propia forma de ser o estado de ánimo. Pero no debemos olvidar de que en estos actos, siempre es necesaria una organizazción, que requiere de una serie de conocimientos, técnicas y estrategias que los responsable de protocolo conocen bien. No podemos dejar que la celebración de un acto sea fruto de azar, una mala organización puede tener consecuencias desastrosas. En lo que se refiere a la manifestación de nuestras emociones, no es el protocolo el que decide, si en la actualidad mostrar ciertas emociones nos hace parecer más cercanos y nos permite desarrolla mejor nuestro trabajo, no será el protocolo quien las “prohíba”, no limitemos la función de esta disciplina a aspectos propios de un determinado comportamiento.

maxima1-aEs hora de dejar claro que protocolo no es únicamente etiqueta pero también de asumir (y esto afecta a quienes nos dedicamos a esta disciplina) que si lo utilizamos en un sentido amplio, tampoco es solo orden y normativa. Como ya he comentado en otras ocasiones el Protocolo como disciplina y ahora, también, grado universitario, lleva implícitas las funciones propias de términos afines como ceremonial, etiqueta e incluso, en general, las “técnicas de organización de eventos”. Establecer claramente que el término protocolo se puede utilizar en sentido estricto (orden y normativa) o en sentido amplio (disciplina que engloba diversas funciones relacionadas con la organización y desarrollo de actos) creo que evitaría confusiones, pero la responsabilidad es nuestra, de los propios profesionales de protocolo, y no únicamente de los medios de comunicación o de quienes creen que el protocolo les impide mostrar su emociones.

The strict dress code…

Los Duques de Cambridge tienen previsto viajar a EE.UU entre el 7 y 9 de diciembre de este año. Su programa incluye diversas visitas y compromisos de ambos en Nueva York. Además, el príncipe Guillermo viajará a Washington para intervenir en una conferencia del Banco Mundial sobre el comercio ilegal de animales.

Su viaje ha despertado gran expectación entre los estadounidenses, quienes sienten una peculiar fascinación por la realeza. Aunque también, por otra parte, ha suscitado críticas en lo que a “codigo de vestimenta” se refiere. Y es que, han sido varios los medios que han criticado el hecho de que a los periodistas que cubren determinados actos de la Familia Real inglesa, tanto en el Reino Unido como fuera, deban cumplir con un código de vestimenta adecuado a los mismos.

Algunos han calificado esta “exigencia” (en mi opinión, recomendación) de “snob” o “estricto código de vestimenta”. Incluso algún medio ha lamentado que los periodistas se vean “obligados” a cumplir este “estricto código” no “exigido” a un guerrero Maorí que saludó a los Duques de Cambridge en su viaje a Australia.

NZEALAND-BRITAIN-AUSTRALIA-ROYALS¡Pobres periodistas! tener que prescindir de sus vaqueros o zapatillas para cubrir una recepción, cena de gala o conferencia internacional a la que asisten esos “reales personajes” cuyos discursos, reuniones y obras varias, son analizadas siempre con todo detalle, profundizando en lo que dichas acciones suponen para la consolidación de nuestras relaciones institucionales…

¡Ay! ¡no! que lo que más interesa es el vestido que ha llevado Kate en su última aparición o si se le ha levantado la falda al llegar al aeropuerto…

E7FNo creo que los Duques de Cambridge se nieguen a responder a un periodista que lleva vaqueros y zapatillas, en más de una ocasión los hemos visto actuar con naturalidad ante quienes se acercan a ellos, incluso, no han tenido ningún problema a la hora de participar en diversas actividades que no requieren una “vestimenta formal”, sin exigir una determinada etiqueta, por sistema, entendiendo que hay situaciones en las que las “normas” se adaptan al sentido común.

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The Duchess Of Cambridge Attends The Wildlife Photographer of The Year 2014 Awards
El respeto hacia los demás y la buena disponibilidad a la hora de establecer relaciones participando de forma cordial en actividades en las que interactuamos con otras personas, hace (o debería hacer) que tratemos de destacar lo menos posible, adaptándonos a lo que sus usos, costumbres y tradiciones indican. Si un amigo nos invita a su soñada “boda medieval” pidiéndonos que vayamos a la misma vestidos de época, seguramente no le defraudaremos y cumpliremos su “exigencia” (aunque dicha vestimenta no nos favorezca tanto como nos gustaría).

Por eso, que en la web oficial de la Monarquía Británica, se hagan unas recomendaciones acerca de lo que se considera apropiado a la hora de cubrir determinados actos en los que éstos participan, no me parece que sea para alarmarse. Estoy segura de que en muchos eventos estadounidenses o patrios, los reporteros se adaptan a las formalidades o códigos de vestimenta requeridos o adecuados a los mismos.

Cate Blanchett  best actress nominee for her role in "Blue Jasmine" arrives on the red carpet at the 86th Academy Awards in Hollywood

Además, que dichos códigos, usos o costumbres no aparezcan por escrito, no quiere decir que no los haya y, aunque creamos que no, sucumbimos a ellos sin darnos cuenta…

Periodista7 La prensa

Curiosas “funciones” de un jefe de protocolo

Ya hemos comentado en más de una ocasión como existe una tendencia generalizada a confundir protocolo y etiqueta o, más bien a reducir las funciones de aquel a las propias de esta. Y, aún más, en muchas ocasiones se confunde la etiqueta -usos y costumbres que deben observarse en todo acto ceremonia o evento- con aspectos básicos de educación que deberían observarse, al menos, en cualquier lugar público.

Por eso, no es de extrañar, que a los jefes de protocolo se les atribuyan funciones de lo más variopintas y, por supuesto, equivocadas. La última que he leído es en relación a una supuesta “fea”costumbre de la reina Letizia (por cierto, gran noticia)….que, afortunadamente, no realiza en público atribuyendo esta circustancia a que “Será que está bien educada y como a mí, se habrá llevado más de una torta en las manos de sus padres… o de algún  jefe de protocolo”

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Hurgarse la nariz, comerse las uñas, hacer cortes de manga o hablar de ciertos temas convirtiéndolos en noticia, son hábitos y costumbres a evitar en cualquier lugar, y no son exclusivos del “protocolo” o, más concretamente, de la etiqueta sino básicos de una buena educación.

berlusconiVelar por los símbolos de la institución, empresa u organismo para el que trabaja; asesorar en materia de protocolo, ceremonial o etiqueta, gestión y organización de actos, ceremonias y eventos (con todo lo que ello supone), son funciones de un jefe de protocolo. La reprimenda en cuestiones básicas de educación, que todos deberíamos aprender desde la más tierna infancia, la dejamos a quien corresponda…

corte+de+manga-e1292605803206Feliz día